Con la colaboración de la Dra. Beatriz Q. Vallejo, especialista en comunicación clínica y salud. Si quieres conocer más sobre el trabajo de la Dra. Beatriz Q. Vallejo, accede a Health Communications Gallery.
Comunicar también es intervenir
En la práctica médica, no basta con saber diagnosticar o tratar correctamente. La forma en que se comunica la información puede marcar la diferencia entre un paciente confundido y uno verdaderamente empoderado de su salud. En escenarios de trauma, donde el estrés y la incertidumbre dominan, el lenguaje médico puede convertirse en una barrera si no se traduce con intención y humanidad.
En este episodio de Hablemos de Trauma, la Dra. María Elisa Barrera conversa con la Dra. Beatriz Q. Vallejo sobre cómo transformar el “idioma médico” en mensajes comprensibles, éticos y efectivos, sin sacrificar la precisión clínica.
El riesgo de hablar solo en tecnicismos
El uso constante de lenguaje técnico con pacientes y familiares no es inocuo. Según explica la Dra. Vallejo, los tecnicismos generan múltiples riesgos:
- Falta de comprensión que rompe la confianza entre el paciente y el equipo clínico.
- Brechas éticas y legales, ya que un paciente que no comprende no puede otorgar un consentimiento informado válido.
- Deterioro del sistema de apoyo cuando la familia no entiende qué ocurre ni cómo ayudar.
- Impacto económico, asociado a errores, demandas y uso ineficiente de recursos de salud.
Hablar de forma compleja cuando se busca cercanía produce exactamente lo contrario: distancia, ansiedad y desconfianza.
El triángulo de la comunicación clínica
La Dra. Vallejo recuerda que la comunicación no se limita a las palabras. En el llamado triángulo de la comunicación, intervienen tres elementos:
- Las palabras (7%)
- El tono de voz (38%)
- El lenguaje no verbal (55%)
Esto significa que el cuerpo, la postura, el contacto visual y la calma transmitida pesan más que el vocabulario. Un mensaje clínicamente correcto puede fracasar si el tono es brusco o si el cuerpo transmite prisa o desinterés.
Hablar en “arroz y habichuelas”
Para lograr una comprensión real, es necesario contextualizar el mensaje desde la experiencia del paciente. La Dra. Vallejo propone un ejercicio práctico: explicar los conceptos médicos como si se hablara con un estudiante de quinto grado.
Un ejemplo clásico es sustituir frases como “cálculo biliar de medio centímetro” por analogías cotidianas:
“Es como una piedrita del tamaño de un gandul que va bajando por un tubito y por eso duele.”
Este tipo de metáforas no banaliza la medicina; la hace accesible.
Numeracia y lenguaje sencillo
Muchos mensajes médicos están cargados de números: presión arterial, niveles de glucosa, probabilidades de éxito. Traducir esos números a conceptos cotidianos mejora la comprensión. Decir “la mitad de las personas responde bien” puede resultar más claro que “cinco de cada diez pacientes”.
La clave está en adaptar el mensaje sin perder su esencia clínica.

El teach-back: comprobar si me expliqué bien
Una herramienta fundamental es el teach-back, que no evalúa al paciente, sino al profesional. Consiste en pedir al paciente que explique con sus palabras lo que entendió:
“Para asegurarme de que lo expliqué bien, ¿cómo se lo dirías a un familiar?”
Si el paciente no puede explicarlo, el profesional vuelve a aclararlo. El objetivo es asegurar la comprensión antes de que el paciente tenga que tomar una decisión o recibir un tratamiento.
El poder del lenguaje no verbal
Cruzar los brazos, mirar el reloj, fruncir el ceño o hablar mientras se revisa el celular puede bloquear por completo la comunicación. En el trauma, proyectar calma es una intervención terapéutica.
Un cuerpo abierto, una postura al nivel del paciente y una mirada atenta refuerzan el mensaje verbal y disminuyen la ansiedad.
Educar sin paternalismo
Traducir el lenguaje médico no implica ocultar términos técnicos. Al contrario, nombrarlos y explicarlos empodera al paciente.
Decir:
“Esto se llama colelitiasis, que significa una piedra en la vesícula”
Abre la puerta a que el paciente reconozca ese término en futuras interacciones médicas y participe activamente en su cuidado.
Tecnología, ChatGPT y nuevas oportunidades
Lejos de ver la información en internet como una amenaza, la Dra. Vallejo la presenta como una oportunidad. Un paciente que llega informado demuestra interés por su salud.
La conversación cambia cuando el médico pregunta:
“Cuéntame qué aprendiste y lo vemos juntos.”
Ese enfoque transforma la relación en un proceso de acompañamiento, no de imposición.
Palabras que bloquean la comunicación
Algunas frases comunes pueden escalar la tensión y cerrar el diálogo:
- “Tranquilícese”
- “Esto pasa mucho”
- “Ustedes llegaron tarde”
- “No siguió las recomendaciones”
En momentos de crisis, el enfoque debe estar en lo que se hará ahora, no en asignar culpas.
Comunicación entre colegas: también importa
La comunicación no violenta no solo se aplica al trato de los pacientes. Entre colegas y en estructuras jerárquicas, el lenguaje puede afectar directamente la calidad del cuidado.
Cambiar “tú no hiciste” por “¿cómo podemos lograr esto juntos?” mantiene al paciente en el centro de la conversación.
Más que palabras: presencia
La Dra. Vallejo cierra con una imagen poderosa:
“Necesito que me escuches con los ojos.”
Practicar bedside manners es ejercitar un músculo que combina palabras, tono, cuerpo y conciencia. Comunicar bien no solo mejora la adherencia al tratamiento; humaniza la medicina y fortalece la práctica profesional.
🧩 Lecciones clave
- El lenguaje médico sin traducción crea brechas éticas y clínicas.
- La comprensión real del paciente forma parte del tratamiento.
- El tono y el lenguaje no verbal pesan más que las palabras.
- El teach-back asegura que el mensaje fue comprendido.
- Comunicar con humanidad protege tanto al paciente como al profesional.
Hablemos de Trauma Podcast es auspiciado por SIMED, líder en seguros de impericia médica.


